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Historia de Casa Lamm


MEMORIA DE UN PASADO PRESENTE

   
 

Hacia 1900, la ciudad de México está dividida en 8 cuarteles mayores y 32 menores, demarcaciones político-administrativas cuyo origen proviene del sistema virreinal. Sin embargo, los síntomas de sobrepoblación que comienza a padecer a principios de siglo plantean la necesidad de resolver las demandas habitacionales de una sociedad que se expande a pasos agigantados. Este fenómeno urbano, aunado al liberalismo económico del general Díaz, da como resultado las primeras compañías inmobiliarias de nuestro país.

A partir de las Reglas para la admisión de nuevas colonias hasta el inicio de la revolución, en el D.F. se desarrollan 19 colonias. Capitales nacionales y extranjeros se vinculan a funcionarios gubernamentales a fin de garantizar el aval de los proyectos. La fundación de núcleos residenciales que respondan a las exigencias del momento queda así limitada a un puñado de inversionistas.

En 1903, el gobierno federal otorga a La Compañía de terrenos de la Calzada de Chapultepec, S.A. el permiso de fraccionar los predios del Potrero de la Romita, ahora conocidos como la Colonia Roma. Estas tierras, originalmente propiedad de la familia Lascurain, habían sido compradas con anterioridad por la propia sociedad inmobiliaria que, con un capital de $800,000.00, estaba representada por Pedro Lascurain, Gabriel Morton, Cassius C. Lamm, Edward N. Brown y Edward Orrin. Además de su participación en la inmobiliaria mencionada, Orrin y Lascurain, junto con Porfirio Díaz Jr., conforman La Compañía de la Colonia Condesa, S.A. y en sociedad con Cassius, Oscar y Lewis Lamm, constituyen la Compañía de la Colonia Roma Sur, S.A.

La presencia de estos últimos, accionistas a su vez de la Compañía de la Colonia Roma S.A., dedicada a la construcción y venta de casas, se incrementa notablemente en las empresas en las que participa Pedro Lascurain.

La ausencia ocasionada por sus actividades políticas termina por delegar en los Lamm el negocio inmobiliario, como lo demuestra el poder otorgado a Lewis Lamm el 13 de agosto de 1914. La sociedad capitalina abandona las viejas casonas coloniales ubicadas en el actual centro de nuestra ciudad para instalarse a lo largo del Paseo de la Reforma, colonia Juárez y Cuauhtémoc, extendiéndose después hasta consolidar las recién creadas Roma y Condesa.

El desplazamiento de la elite porfirista hacia zonas urbanas novedosas origina la ruptura con la tradición arquitectónica virreinal. La evolución estilística que se manifiesta tipifica un periodo profundamente influenciado por corrientes culturales análogas a las que afectaron a la alta sociedad europea, especialmente la francesa. La admiración por el viejo continente se traduce en grandes edificaciones de carácter ecléctico, xenófilas por excelencia, reflejo de una clase burguesa mexicana incapaz de crear un estilo propio y contemporáneo.

Una de las muestras más representativas de la corriente artística que predomina en la primera década del siglo XX, es la casa situada en Alvaro Obregón #99, colonia Roma. Concluida en 1911, la elegancia de su composición, la grandilocuencia de sus proporciones y recursos ornamentales, confirman el afán por recoger todo aquello que remitiera a lo aristocrático, la ideología de una generación que, al recrear paisajes urbanos semejantes a los suburbios de las cosmopolitas ciudades europeas, pretende reafirmar su respetabilidad, así como la nobleza y brillo de su posición.

Aunque en un principio el inmueble fue proyectado como casa-habitación de su arquitecto, Lewis Lamm, la familia nunca llega a vivirla. Renta la propiedad a los maristas, quienes la transformaran en el Colegio Francés Jalisco para varones. Años después, los conflictos derivados de la Cristiada motivan que Lewis Lamm solicite a los religiosos la devolución de la finca, suscitándose entre ellos una seria disputa debido al lastimoso estado en que la recibe. A raíz de su muerte, acaecida en 1939, Elena Martínez Meoqui viuda de Lamm vende en $100,00.00 la casa a la familia García Collantes quien, al reservarla para su uso hasta 1990, la libran de la destrucción indiscriminada que sufren la mayor parte de las edificaciones de la época al caer en manos de constructores indiferentes al valor histórico que representan.

En 1993, se inician los trabajos de restauración que habrían de devolverle su antiguo ropaje. No obstante la pérdida de algunos de sus elementos originales, de los muros percudidos por polvo de años, de la cantera hasta hace poco oculta bajo hiedras caducas, de los pisos marchitos de olvido, de los salones, jardines y sótanos anidados por ecos de voces y risas gastadas, la casa de Álvaro Obregón #99 cobra nueva vida, despojándose de su carácter residencial para convertirse en el Centro de Cultura Casa Lamm.

Al rescate de este monumento nacional se suma la importancia de la función para la cual ha sido concebido: crear un espacio plural para el estudio y difusión de las artes, así como el intercambio de ideas y expresiones artísticas a partir de diferentes actividades.

Mediante la Licenciatura en Historia del Arte, las Maestrías en Arte y en Apreciación y Creación Literaria, el Doctorado en Historia del Arte, cursos libres, diplomados, seminarios y talleres, se imparten disciplinas como la literatura, historia del arte, historia de México, arqueología, taller de pintura y escultura, filosofía, música y cine. A diferencia de otras instituciones, el alumno, maestro, artista o público en general, tiene la oportunidad de participar en las conferencias, congresos, mesas redondas, viajes al interior de la república o visitas a museos y sitios de interés, que se generan en el centro; asistir a las exposiciones temporales, de artistas nacionales como internacionales que el Centro de Cultura Casa Lamm lleva a cabo en su espacio de exhibición; así como consultar su Biblioteca de Arte que incluye 11,859 volúmenes y 681 videos y el Archivo Fotográfico formado por Manuel Alvarez Bravo para Televisa. Y como emprender el camino del conocimiento, independientemente de técnicas y métodos, conlleva la práctica de la lectura, a través de la Librería Pegaso ubicada en la planta inferior, el estudioso amplía su visión y se abisma en la ficción de la literatura, en la evidencia de la historia, en el embrujo de la poesía. Ante la variedad temática, resulta imposible no ceder al impulso de hojear un maravilloso volumen de arte, no sucumbir a la repentina bibliomanía que provocan los bellísimos ejemplares de Franco María Ricci.

"El tiempo de hoy data a la vez de ayer, de anteayer, de antaño", dice el historiador Fernand Braudel. Si la residencia de Alvaro Obregón 99 se aleja de su naturaleza original y deja a un lado el objetivo para el cual fue creada, su resurgimiento como centro cultural propone nuevas rutas. Recorrerlas una a una nos hace sentir herederos de una historia sin ciclos finitos ni cerrados, de una historia en la que el presente y el pasado se confunden en un legado intemporal.

 

 

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